El final del comienzo
Entrada de La chica de al lado
A esta última semana, si tuviese que darle un título, la llamaría “la semana de las despedias”. Casi todos los adultos que me conocen y me tienen algo de aprecio, cuando se paran conmigo en la calle me miran, me sonríen y me colocan una mano en el hombro diciendo: “¡Qué mayor eres ya!, hay que ver cómo pasa el tiempo de rápido. Espero que te vaya todo muy bien, de verdad”. Y a continuación añaden: “Bueno, yo se que va a irte de maravilla”. Esta situación se ha repetido bastantes veces estos últimos cinco días. ¿Por qué?
Pues resulta que este sábado dará comienzo mi nueva vida universitaria en una nueva ciudad, Granada. No me había parado a pensar en el cambio que esto supone en mi humilde vida hasta esta semana, gracias a las pequeñas despedidas espontáneas que he mencionado antes. No había caído en la cuenta de que sólo me quedan unos días para prepararme, si es que eso puede hacerse, para este cambio. No es que suponga un drama para mí, ni muchísimo menos; estoy muy ilusionada y tengo muchas ganas de encontrarme con lo que allí me espera. Pero quizás estos días una se pone un poco meláncolica, y empieza a cavilar más de lo que debería. O al menos eso me acurre a mí, y es en este punto donde me encuentro ahora mismo.